¿Es la pandemia el verdadero problema?
Desde que los humanos han tenido que permanecer en cuarentena se han visto animales silvestres retomando territorios de los que habían sido desplazados: delfines en Venecia, coyotes circulando por las calles de Manhattan, cabras de montaña paseando por villas pintorescas de Inglaterra, zorros y gatos correteando por las calles de Tokio, jabalíes escarbando los jardines del centro de Tel-Aviv. Desde que vivimos en cuarentena las emisiones de gas carbónico se han reducido a cifras mínimas, y sólo han vuelto a incrementarse desde que China reabrió sus fábricas —aun a pesar del nuevo brote del virus—.
¿Es el COVID-19 un arma biológica?
Jung afirmaba que la psicología sería cada vez más necesaria a medida que aumentara la tecnificación de las naciones, la explicación era simple y contundente: “todos los males de este planeta son obra de la mente humana”.
El silencio del Partido Comunista Chino frente a los primeros casos del virus, y la censura a la que sometió a los ciudadanos que denunciaron a través de redes sociales, resultaron siendo peligrosas para los habitantes de todo el planeta. En principio se entendió el problema como un accidente, como un desliz, pero ahora que surge una nueva oleada de infectados en China, y que se repite el silencio y la censura oficial, las inquietudes de otras potencias económicas y militares comienzan a salir a flote. Hasta ahora sólo Sky News Australia y China in Focus se han atrevido a denunciar, a pesar de los riesgos económicos y de los posibles ataques informáticos que suelen seguir a este tipo de denuncias contra el régimen chino.
Tanto Italia como Alemania y Estados Unidos tienen inversiones en China, específicamente en la provincia de Wuhan, donde se propagó el virus, una coincidencia difícil de ignorar. Y aunque es casi imposible que la industria automotriz, informática y de manufactura renuncien a la mano de obra esclava que ofrece el Partido Comunista Chino, lo cierto es que luego de meses de cuarentena es imposible confiar en las buenas intenciones de una potencia comercial que sigue censurando y silenciando verdades incómodas. En otras palabras, se está premiando una actitud contraria a la de Julian Assange, que sigue preso y esperando la extradición a Estados Unidos, por revelar información similar a la que China ocultó y sigue ocultando al mundo. Esperamos que el Reino Unido y Estados Unidos asuman una actitud proporcional a las nocivas políticas del régimen chino, ya que cuando se fueron laza en ristre contra Wikileaks y Assange no calcularon que al censurar y silenciarlos, no solo se equiparaban al régimen chino, sino que además privaban al mundo de una fuente de información veraz, que con toda seguridad, habrían advertido al mundo del riesgo del COVID-19 antes de que se saliera de control.
¿Quién enfrentará al Dragón Rojo?
El tío Sam y Australia necesitan IPhones, paneles solares y recolectores de energía eólica. Alemania necesita piezas para sus vehículos. Italia depende de las mascarillas y respiradores que le está facilitando China y que la Comunidad Europea no ha podido proporcionarle.
Pareciera que el virus, sea un arma biológica o no, ha logrado lo que no pudo la guerra fría, la guerra comercial y los sobornos chinos: poner de rodillas al capitalismo.
Hoy, 17 de abril del 2020, solo las fábricas chinas están funcionando con normalidad. El resto del planeta continua en aislamiento. Algo sin duda es cierto, el COVID-19 significó la ventaja comercial para China.