Ha transcurrido medio 2020, el primer año en la historia reciente en que la humanidad en su totalidad ha tenido que aprender a vivir como artista emboscado o como introvertido promedio. Hay casos aislados, minorías que han decidido tomar otro camino, entre ellos están los que dicen que el virus es “cuento chino” o una “teoría Illuminati”, otros, no menos absurdos, promueven cadenas de oración para frenar el avance de la pandemia. 

En medio de todo ese ruido mediático, de teorías conspirativas y negacionismo fanático, los laboratorios de las potencias comerciales y militares, trabajan concienzudamente para dar con la vacuna. Ha llegado el momento de hablar de ellos, ya que esta semana, la segunda del mes de julio del 2020, de manera simultánea varias de esas potencias anunciaron que la vacuna ya existe y que se está en fase de pruebas, por lo que el ruido mediático que estamos experimentando suponemos que la información puede tener mas fines propagandísticos que reales. De ser ciertos los comunicados de prensa estaríamos ad portas del fin de la pandemia, y lo que es aún más importante, el hecho sentaría un precedente histórico: nunca en la historia de la humanidad se habían desarrollado con tanta rapidez una vacuna contra un virus mortal —ni que decir de manera simultánea por potencias amigas y enemigas—.

Son buenas noticias para la humanidad, aunque pueden no serlo tanto para los anti-vacunas y los fanáticos religiosos que deseaban una solución acorde a su pensamiento mágico. Pueden ser malas noticias si antes de disponer de las vacunas somos testigos de un desbocado afán de socialización. Las desbandadas de gregarios precoces significarían una nueva ola de infectados y muertos, algo que sobrecargarían los sistemas de salud actualmente saturados. Caerán muchos más si en vez de precaución y moderación vemos una tendencia a la premura por retomar la vida caracterizada por el hacinamiento.

Adelantarse los resultados tangibles que aporte la ciencia de las naciones mas poderosas del planeta —que lo serán aún más luego de comercializar la vacuna—, no es nada aconsejable, pero suponemos que eso no es importante para muchos de los habitantes de este país de mitos, leyendas y caudillos omnipotentes. Bien podrían pasar otros siete meses antes de que esas vacunas, si existen en realidad, lleguen a los rincones mas remotos del mundo, o incluso mucho más, si solo estará disponible a quienes puedan pagarla. En los años sesentas compitieron por ir a la luna, ahora las potencias compiten por comercializar la vacuna contra el Coronavirus.  Habrá que esperar pacientemente, tratando de aprovechar al máximo lo que queda del apacible confinamiento. Quizás entonces, luego de superada la pandemia, la civilización reconozca el mérito que tiene el estilo de vida de los reservados e introvertidos, que aportó a la humanidad del siglo XXI un método incomparable para mantener a raya a las personas infectadas con un virus letal que se propagó por vía aérea y por contacto físico.

El fin del Coronavirus se avecina, pero hasta que las vacunas no sea una realidad seguiremos viviendo como artistas emboscados e individuos introvertidos, de puertas para adentro. Ojalá la sociedad extrovertida y narcisista aplique las lecciones aprendidas y que avancemos como sociedad, que sirva de algo este año de confinamiento.