Si «El arte es a la vez anticipación de lo real como posible, forma de desarrollo de la conciencia humana, aprehensión estética de la realidad, que antecede y posibilita la interpretación de lo real y su formulación conceptual»1 y «[…] educar al nuevo hombre del siglo XV es formar su personalidad de modo integral; algo que se consigue con el dominio, cultivo y desarrollo del hombre en su dimensión física, intelectual y moral»2 ¿deberíamos llamar «modernos hombres renacentistas» a los artistas mencionados a continuación?
Aunque al hablar de hombres renacentistas pensamos en Leonardo Da Vinci, prolífico artista, inventor y científico, traigo a colación unos artistas multifacéticos mucho más modestos que el genio del Quattrocento. Son artistas fronterizos, mezcladores de géneros y formatos. David Lynch es director de cine, guionista, actor, pintor, compositor, fotógrafo y diseñador de mobiliario. Jim Jarmusch es director, guionista, actor y compositor. Viggo Mortensen es un actor políglota, músico, fotógrafo y poeta. Jim Carrey es humorista, actor, cantante y pintor. Brian May es músico, compositor, vocalista, activista y astrofísico. Shiey es músico, cineasta, y temerario escalador urbano, surfista de trenes y creador del movimiento Illegal Freedom. Storror es un grupo de artistas del parkour y freeruning, quienes además se han desempañado como dobles de acción, documentalistas y creadores de videojuegos. No faltará quien ponga en duda la pertinencia de los aquí mencionados, sobre todo, de los más jóvenes, razón por la que me apoyaré en la definición utilizada la Dra. Marta De La Vega Visbal: <<El arte se nos pone de manifiesto como resultado de un impulso humano, necesidad de ir más allá de sí mismo, que trasciende la esfera de las necesidades o responde a la mera satisfacción de condiciones materiales de vida. El arte nos muestra sencillamente que la realidad no es simple ni puede ser reducida a esquemas>>3. Por este motivo he decidido incluir artistas del freerunning y el parkour, quienes en este preciso momento siguen ampliando las fronteras de lo que consideramos <<arte>>.
Llamarlos <<nuevos renacentistas>> es una necesidad, en vista de que los hombres renacentistas eran formados de una manera muy particular: <<La educación [según Plutarco] tiene como objetivo la virtud, y como medios la naturaleza, el hábito y la razón; lo más importante es el cultivo y desarrollo del carácter; la memoria es necesaria, mas sobre ella debe estar la razón; la formación de la madre es imprescindible, pues ella es la primera educadora del niño; es necesario el ejercicio para el desarrollo físico del joven; siendo el maestro el guía moral, debe estar en posesión de ciencia y virtud>>4. Artistas integrales, podríamos llamarlos también, pero no en la connotación que se usa habitualmente. En cambio, al referirnos a este pequeño grupo de personas como <<nuevos renacentistas>> hacemos alusión a un búsqueda interior distinta, alejada de las convenciones sociales, de la obsesión por el éxito o el protagonismo, son todos ellos perfeccionistas, inconformes, cuyo trabajo trascendental ocurre tras bastidores.
Recordemos que <<Los humanistas del Quattrocento no harán, en materia educativa, sino retomar el tipo de educación protesto por los escritores grecorromanos ya aludidos y, principalmente, por el sistema de formación que ofrecen en sus obras Cicerón y Quintiliano>>5. Cicerón promulgaba que <<[…] la educación, es el resorte de la regeneración social e individual tendente al servicio de la patria. En tal sentido, Cicerón expone su programa de formación individual en su dimensión literaria, jurídica, histórica y filosófica, en su obra retórica expresada en el Orator (ideal de elocuencia) y en el Brutus (historia de la elocuencia)>>6. Por su parte <<En el homo eloquens de Quintiliano se cifra el ideal del hombre bien educado; razón por la cual retórica y elocuencia van unidas a la moral y a la vida misma. No es posible elocuencia sin virtud, de modo que el buen orador y buen hombre forman un todo inseparable y así lo advierte en la fórmula del vir bonus peritus dicendi de sus instituciones(XII. 1: 1-3)>>7. En otras palabras, los hombres renacentistas eran íntegros y elocuentes. Séneca irá más allá: <<Sabio es aquel que ostenta coherencia de carácter, unidad de pensamiento y de conducta; el que es fiel a sí mismo y su vocación; el que es capaz de mantener su mundo interior organizado, el que tiene personalidad; en definitiva, el que es auténtico y autárquico, obedece a la razón y no se somete al dominio de las pasiones y necesidades>>8. Estas definiciones son aplicables a los artistas aquí agrupados, por lo que no sería un salto al vacío llamarlos sabios y elocuentes, ya que todos, cada cual en diferente medida y según su edad, por supuesto, dejan ver agudeza de razonamiento, y sus métodos, por muy excéntricos que parezcan, siguen un modus operandi: asumen riesgos calculados, aprenden por experimentación y comunican de manera exitosa.
Lo siguiente es preguntarse ¿dónde encuentran las ideas los nuevos renacentistas?, al final de cuentas son esas ideas innovadoras las que los diferencian del resto. Para intentar responder a esa pregunta nos remitiremos al libro Atrapa el pez dorado, en el que David Lynch nos presenta la meditación trascendental como una herramienta indispensable para el artista o inventor. Según este multifacético artista <<La idea tiene que bastar para ponerte en marcha porque, para mí, le sigue un proceso de acción y reacción. Es siempre un proceso de construcción y destrucción. […] la vida artística significa libertad de tener tiempo para que pasen las cosas buenas>> (p. 11). El documento contiene una serie de reflexiones sobre la meditación trascendental y su ventajas, pero por un resquicio descubrimos que es posible acceder a ese <<océano de conciencia pura>> y <<océano de creatividad>> por otra vía: <<Y cuando pasas de un estado a otro —por ejemplo, de la vigilia al sueño— cruzas un vacío. Y en ese vacío, puedes trascender>> (p. 31). Unas páginas antes el autor menciona otro concepto que nos resultará mucho más familiar <<La vida está llena de abstracciones y la única manera de entenderla es a través de la intuición. Intuición es ver la solución: verla, saberla. Es la unión entre emoción e intelecto>> (p. 29). En ese juego de buscar, sentir, pensar e intuir, yace la respuesta a nuestra pregunta: <<Una idea es un pensamiento. Es un pensamiento que abarca más de los que crees cuando se te ocurre>> (p. 17). Pero sigamos ahondando, en vista que los artistas seleccionados pertenecen al mundo anglosajón, habría que preguntarse ¿qué tipo de ambiente requiere quien busque ideas innovadoras? <<Es puro sentido común: cuanto más sufre el artista, menos creativo va a ser. Hay menos probabilidades de que disfrute con su trabajo y menos probabilidades de que realice un buen trabajo>> (p. 55). <<Si tienes suficiente dicha, eres invencible. Y cuando empiezan a desaparecer todas las cosas negativas, puedes pescar más ideas y entenderlas mejor. Te entusiasmas con mayor facilidad. Tienes más energía, más claridad>> (p. 56). Y así, como en un movimiento circular, volvemos al principio del texto: los artistas polifacéticos, los humanistas aquí citados, son sabios, elocuentes e íntegros (coherentes moral e intelectualmente, fieles a su vocación) porque se han permitido la libertad de experimentar, porque obedecen a su conciencia, no a presiones externas. Su búsqueda interior consiste en explorar los límites personales. Pasión y razón se amalgaman en intuiciones, ahí radica su libertad creadora.
1 De La Vega Visbal, Marta. <<Producción artística y cambio social: la función del arte>>. Revista de arte y estética contemporánea. Mérida, Julio/ diciembre, 2007. P. 118.
2 Esteban, León. La educación en el renacimiento. Ed. Síntesis. ISBN 84-7738-867-9. P. 47.
3 De La Vega Visbal, Marta. <<Producción artística y cambio social: la función del arte>>. Revista de arte y estética contemporánea. Mérida, Julio/ diciembre, 2007. P. 115.
4 Esteban, León. La educación en el renacimiento. Ed. Síntesis. ISBN 84-7738-867-9. P. 53.
5 Esteban, León. La educación en el renacimiento. Ed. Síntesis. ISBN 84-7738-867-9. P. 47.
6 Esteban, León. La educación en el renacimiento. Ed. Síntesis. ISBN 84-7738-867-9. P. 48.
7 Esteban, León. La educación en el renacimiento. Ed. Síntesis. ISBN 84-7738-867-9. P. 49-50.
8 Esteban, León. La educación en el renacimiento. Ed. Síntesis. ISBN 84-7738-867-9. P. 50.