
El término «Era de oro del asesinato serial» acuñado por Harold Schechter para describir ese fenómeno norteamericano comprendido entre los años setentas y el 2000, ha sido analizado por Brenna Ehrlich en el artículo Why Were There So Many Serial Killers Between 1970 and 2000 —and Where Did They Go? publicado en Rolling Stone, resume las razones biológicas, sociológicas, lingüísticas y tecnológicas asociadas a la aparición de los asesinos seriales. Según explica Ehrlich, durante los años setentas los asesinos seriales como Ted Bundy acecharon a sus víctimas en las calles, ya que era habitual encontrar autoestopistas pidiendo aventones, mientras que asesinos como Richard «Night Stalker» Ramírez y Jeffrey «Cannibal Killer» Dahmer, que depredaron durante los años ochentas, escogieron sus víctimas entre los norteamericanos que dejaban las casas abiertas. Es decir, los asesinos seriales se adaptan a los cambios sociales. Esta hipótesis sociológica se apoya en hechos puntuales: cuando las personas dejaron de pedir aventones los asesinos seriales pasaron a invadir los hogares, cuando se comenzaron a instalar sistemas de seguridad, pasaron a depredar a las trabajadoras sexuales —durante la década de los noventas—, y luego, en el año 2000, se volcaron a la depredación en el mundo virtual, de ahí que se hable de razones tecnológicas. Por ello se piensa que los cambios sociales, y los ambientes en los que impera la ausencia estatal o la impunidad jurídica, sean parte determinante del florecimiento de nuevas generaciones de estos asesinos seriales: «Dos características nucleares en la personalidad del psicópata —no son las únicas— y que marcan diferencia en el Trastorno Antisocial de la Personalidad son, por una parte, un exagerado sentimiento de grandiosidad y auto sobre valoración y, por otra, una innata —ya que se expresa tempranamente en la infancia— y notable capacidad de seducción y manipulación del entorno»(1). En otras palabras, a mayor impunidad, mayor confianza adquiere el psicópata.
Respecto a las razones biológicas hay que recordar que: «La psiquiatría contemporánea presupone que todas las patologías mentales, así como los trastornos de personalidad poseen un sustrato genético-biológico predisponen, el que sumado a la participación de factores psico-so- ciales que actúan como moduladores sobre el primero, finalmente terminan por determinar en las personas la presencia de dichos cuadros clínicos» (2). Peter Vronksy, autor de American Serial Ki- ller: The Epidemic Years, afirma que más del 80 % de los asesinos seriales norteamericanos ope- raron durante las últimas tres décadas del siglo XX. Vronsky ha estudiado estos casos desde 1979, lo cual le ha permitido concluir que los asesinos seriales desarrollan una personalidad compulsiva acorde a la de un asesino alrededor de los 14 años, aunque sus primeras víctimas suelen aparecer al final de los 20. Ejemplos de ello son los datos disponibles sobre la adolescencia de los asesinos John Wayne Gacy, Jeffrey Dahmer, y Ted Bundy: todos nacieron durante un período de guerra. En otros casos, como pasó con Dennis «BTK Killer» Rader y Richard «The Torso Killer» Cottingham, crecieron soportando a padres con Estrés Post Traumático. «Estos niños que tenían una predisposición a la violencia fueron criados en hogares disfuncionales y potencialmente violentos»(3).
Por otro lado, el neurocientífico —y autoproclamado psicópata— James Fallon, autor del libro The Psychopath inside: A Neuroscientist ́s Personal Journey into the Dark Side of the Brain, soporta la teoría de Vronsky de los asesinos seriales como hijos de la guerra. Pero él está mas interesado en entender por qué estas personas se convierten en asesinos, ya que la mayoría de los hijos de la guerra llevan vidas relativamente pacíficas. Los resultado expuestos por Fallon demuestran que psicópatas, sociópatas, y otros individuos con desórdenes de personalidad están programados para la agresión y la violencia, tienen poca empatía, baja ansiedad, baja reactividad. La novedad, en realidad, es que comprobó que esos desórdenes pueden mantenerse bajo la superficie si la persona tuvo una buena crianza, pero si fueron criados por un padre con Estrés Postraumático y por una madre manipuladora, en un entorno de abuso físico o mental, las probabilidades de salir bien librado se anulan. Fallon señala también que existen factores lingüísticos que hacen una diferencia trascendental al momento de explicar por qué los asesinos seriales parecen relegados a un periodo especifico de la historia de la humanidad: «Si hablas con personas que hacen parte de la policía, el FBI, o incluso en equipos de criminología y ciencias forenses, ellos ven el problema como una definición taxonómica. Y estas definiciones son inútiles para psiquiatras y psicólogos»(4). Otro ejemplo que refuerza esta idea es el caso de las mujeres psicópatas, quienes al parecer se mantienen fuera de las estadísticas porque tienden a manipular sociópatas, «Pero si cuentas a las que manipulan gente para que hagan su trabajo sucio el número alcanzaría al de los hombres»(5), asegura Fallon, quien se apoya en un estudio realizado en el 2019 en el que se comprobó que los psicópatas hombres suelen ser «cazadores» que buscan y matan presas, mientras que las psicópatas mujeres son «recolectoras» que matan a personas de su entorno para obtener algún tipo de ganancia personal. A esto habría que añadir el factor étnico, ya que los ase- sinos seriales suelen depredar o recolectar en entornos en los que puede pasar desapercibido. Recordemos que solo el 51% de los asesinos seriales capturados entre 1970 y 2000 fueron de raza blanca.
Por último está el factor social. Sabemos que «Las condiciones naturales del entorno facilitan la aparición y reforzamiento de la conducta homicida serial, mientras que por su parte el goce homicida experimentado a su vez refuerza la búsqueda de ese entorno favorable y así circularmente perpetúa esa dinámica criminológica en el tiempo» (6), y por ello es vital el rol de vigilancia y denuncia que cumplen la policía y los medios de comunicación, sin los cuales la impunidad se instala, lo que resulta tentador para los asesinos seriales. En el libro Sons of Cain: A History of Serial Killers from Stone Age to the Present, Vronsky conjetura que siempre han existido los ase- sinos seriales, pero que no solo hemos tenido registro de ello desde la creación de los organismos policiales fueron creados en 1888, en los tiempos de Jack «El Destripador». Según Vronsky, la Gran cacería de brujas ocurrida entre el siglo XV y el XVIII, los asesinos seriales fueron sometidos a juicios bajo a acusación de ser hombres lobo, humanos depredadores de personas: «Una vez terminada la cacería de brujas, tenemos aproximadamente un período de 150 años en el que no se reportan asesinos seriales u hombres lobo, ya que el sistema eclesiástico había dejado de existir» (7). Su hipótesis apunta a que antes de la aparición de los organismos policiales, y de los reportes de criminales con comportamientos análogos a Jack «El Destripador», a los asesinos seriales probablemente se los linchaba por la comunidad, lo que también se conoce como justicia fronteriza. La comprobación a la idea de como la impunidad estimula al psicópata resulta evidente en el caso del «Night Stalker», quien asesinó a 14, violó a 9, secuestró a 2, y al fue posible atrapar solo cuando hicieron circular su fotografía a través de los medios de comunicación del Estado de California. Como dato curioso, él, como los hombres lobos del oscurantismo, estuvo a punto de ser linchado por la comunidad que lo reconoció cuando intentaba huir de la policía. Los detalles del caso pueden verse en el documental de Netflix Night Stalker: The Hunt for a Serial Killer, dirigida por Tiller Russel, en el que intervienen los veteranos detectives Gil Carrillo y Frank Salerno, encargados de la investigación que llevó a su captura.
Conflicto armado y sus huellas psicológicas
Si los conflictos armados, la impunidad del sistema judicial, la inoperancia de las autoridades, y el silencio mediático, favorecen y estimulan a las nuevas generaciones de psicópatas, ¿por qué en países como Colombia, donde son secuestradas, torturadas, violadas, decapitadas y masacradas decenas de personas diariamente, no se hace seguimiento a esos casos particularmente macabros, y en apariencia secuenciales o sistemáticos? Quizás solo conoceremos este aspecto la realidad colombiana cuando Netflix decida investigar, ya que gracias a sus documentales y dramas es posible entender la arquitectura mental de estos individuos anómalos: «Desde el pris- ma psicológico el psicópata es un ser humano incapaz de sentir afecto, piedad o compasión, ca- rece de la capacidad de empatizar con los demás y no experimentar remordimiento o culpa por sus acciones»8. Esa descripción de manual es verificable en dramas como The Sinner (2017); Mindhunter (2017); You (2018); y en series documentales como En la mente criminal (2017); I’m a Killer (2018); Conversaciones con asesinos: las cintas de Ted Bundy (2019); No te metas con los gatos (2019); Asesino confeso (2019); El destripador de Yorkshire (2020); Asesino ocul- to: en la mente de Aaron Hernández (2020); Night Stalker: cazando a un asesino serial (2021).
Para entender mejor el problema veamos los hallazgos de Jorge Rodríguez, Alejandro de la Torre y Claudio T. Miranda, en «La salud mental en situaciones de conflicto armado» (Bio-médica, 2002; 22: 337 -46). «El caos y la violencia –en sus diferentes modalidades– incrementan los riesgos de trauma psicológico y de hecho, los conflictos armados no solo generan muertes, heridas y discapacidades físicas, sino que también dejan huellas en la vida de las personas, las familias y la sociedad» (p. 338). En el caso puntual de conflicto armado de Guatemala, que tuvo una duración de tres décadas, la OPS realizó una investigación cualitativa en 1998 (5), estos fueron los seis hallazgos principales. Cito textualmente:
- Los problemas de salud mental aparecieron o se incrementaron durante y después de la guerra.
- A la mayoría de las personas, especialmente en las zonas rurales e indígenas, les invade una sensación de frustración y desesperanza.
- En jóvenes de las zonas rurales afectadas por la guerra, se observó un incremento de las adicciones, en especial alcohol y tabaco; también, aunque en menos proporción, se observó inhalación de pegamento o gasolina.
- La conducta suicida en jóvenes es un hecho relativamente novedoso en comunidades indígenas[…] existía una gran desesperanza con respecto a su futuro, la frustración por no haber alcanzado los objetivos por los cuales lucharon sus padres o ellos mismos.
- Durante el conflicto armado se transformó la vida de las familias y se produjo una gran des-confianza entre las personas, la comunicación era pobre y había mucho miedo o temor […] La gente se empobreció más y muchos perdieron un pequeño patrimonio. Apareció el fenómeno de proliferación de sectas religiosas (fundamentalmente evangélicas) en detrimento de las practicas tradicionales (mayas) y de la propia religión católica.
- Después del conflicto armado se han perdido mucha tradiciones y valores culturales propios del indígena guatemalteco; “los ancianos no pudieron transmitir su cultura”. […] Hoy predomina, a juicio de los participantes en los grupos, el individualismo en vez de la solidaridad humana y muchos creen que tantas religiones han contribuido a dividir la población. En relación a los trastornos psíquicos mas frecuentes en situaciones de conflicto o desplazamiento forzado estos fueron «Los cuadros clínicos mas comunes: reacciones de estrés agudo, trastornos depresivos o ansiosos, trastornos de estrés postraumático y el consumo excesivo de sustancias psicoactivas (3, 16)» (p. 340). El estudio se enfoca en la víctimas del conflicto, pero entre líneas podemos leer que existe un bloque perpetrador conformado por diversos grupos armados, conformados por personas inmunes al remordimiento, capaces de atrocidades impronunciables: «El no experimentar angustia por lo que pudiera deparar el mañana le permite concentrarse con tranquilidad en resolver sus problemas en el aquí y ahora. De allí que algunos investigadores, aduciendo a estas características personales, lo han considerado como un excelente candidato para integrar equipos de elite militar o de rescate»(9).Como vimos, se requiere la combinación de factores genéticos y ambientales para que un individuo de naturaleza violenta se convierta en un asesino serial. Si a eso le sumamos las oportunidades que ofrece la impunidad y la pobreza extrema, es muy posible que en Colombia se estén multiplicando estos depredadores de humanos, los Homo homini lupus, según Hobbes.
(1) Dresdner, Rodrigo. Psicópatas seriales. Un recorrido por su oscura e inquietante naturaleza. Ed. Lom. 2016. P. 113.
(2) Dresdner, Rodrigo. Psicópatas seriales. Un recorrido por su oscura e inquietante naturaleza. Ed. Lom. 2016. P. 84.
(3) Ehrlich, Brenna. Why Were There So Many Serial Killers Between 1970 and 2000 —and Where Did They Go? Ro- lling Stone. Febrero, 2021. P. 3.
(4) Ehrlich, Brenna. Why Were There So Many Serial Killers Between 1970 and 2000 —and Where Did They Go? Ro- lling Stone. Febrero, 2021. P. 7.
(5) Ehrlich, Brenna. Why Were There So Many Serial Killers Between 1970 and 2000 —and Where Did They Go? Ro- lling Stone. Febrero, 2021. P. 7.
(6) Dresdner, Rodrigo. Psicópatas seriales. Un recorrido por su oscura e inquietante naturaleza. Ed. Lom. 2016. P. 202.
(7) Ehrlich, Brenna. Why Were There So Many Serial Killers Between 1970 and 2000 —and Where Did They Go? Ro- lling Stone. Febrero, 2021. P. 8.
(8) Dresdner, Rodrigo. Psicópatas seriales. Un recorrido por su oscura e inquietante naturaleza. Ed. Lom. 2016. P. 34.
(9) Dresdner, Rodrigo. Psicópatas seriales. Un recorrido por su oscura e inquietante naturaleza. Ed. Lom. 2016. P. 39.
Publicado originalmente en @MilInviernos