No ganó la mayoría, se impuso una minoría con trampas. En cambio, los 12.708.312 votos por la vida fueron puestos a conciencia, sin compra de votos por las maquinarias de Antioquia y de la Costa Caribe, sin coerciones por parte de empleadores amenazando con despidos, sin untar de plata los bolsillos de los jurados de votación que hicieron fraude en el conteo, sin consignar millonadas al registrador y su familia, sin hackear el software para inscribir cédulas falsas, sin requerir la injerencia de potencias extranjeras como las que denuncia el HondurasGate, sin el beneplácito de los grandes medios nacionales —grandes contribuyentes de la campaña del candidato de los mocasines con pecueca—. 12.708.312 votos sin necesidad de pastores evangélicos manipulando a sus borregos a través del miedo y de la desinformación.

Fueron casi 13 millones de votos puestos desde el amor por la vida, la paz y la biodiversidad. 13 millones de voces unidas, pese a sus diferencias, por un país incluyente, en el que quepamos todos, en el que puedan convivir las tradiciones que nos hacen una nación soberana y los avances progresistas que nos permitan desarrollarnos como país.

Así que no ganó la mayoría que ahora celebra como si fuera un triunfo merecido y sin trampas, como si además, hubieran ganado por goleada. Fueron 250.000 votos de diferencia, menos del 1%, y necesitaron todas las artimañas descritas arriba para poder lograrlo. No ganó la mayoría, se impuso una minoría tramposa, usando el terrorismo mediático y la manipulación que facilitan las redes sociales. Y aún así, casi ni les alcanza.

El terror les permitió ganar: vendieron miedo y ofrecieron seguridad, viejo truco que solo los ignorantes e ingenuos desconocen.

Al Gato con mocasines, que se ha pasado la vida haciendo trampas y tomando atajos, hay que preguntarle: ¿qué se siente ser un perdedor que sólo gana haciendo trampas? Ya debe estar acostumbrado, tan poca cosa será, al no tener las capacidades para ganar honestamente, sin mérito propio.

Entonces, amigo votante engañado y futuro arrepentido, celebras una victoria pírrica como si fuera un gran logro porque se ajusta al tamaño de tu dignidad. Deja de ser un colaborador de corruptos charlatanes y fantoches: Arrepiéntete, confiésate, y cambia tu vida.