Cuando se nos explica el acto comunicativo entre emisor y receptor sale a relucir un factor llamado «ruido» que repercute en la correcta recepción del mensaje. Pero ese «ruido» no son sólo los sonidos percibidos por nuestros oídos. Por cualquiera de los cinco sentidos puede «jackearse» todo mensaje, puede ser intervenido con facilidad sin importar si hablamos de un mensaje verbal, visual o escrito.
Además de las múltiples formas del ruido que nuestros sentidos reciben del exterior hay otros que se suman a los obstáculos, y que son aún más decisivos para la conformación de bases argumentales sólidas, son los ruidos internos alojados en la mente. Algunos son dogmas irrefutables, otros, prejuicios heredados. Lo que nos lleva a hablar de la primera paradoja de los tiempos actuales: disponemos de información infinita que somos incapaces de aprovechar por la falta de capacidad crítica para procesar información, algo que sería manejable con mejores hábitos de lectura. Lo que nos lleva a la segunda paradoja. ¿Cómo esperar que los jóvenes disfruten leer cuando se penaliza el disenso, cuando son educados para dar respuestas memorizadas, cuando se los entrena para obedecer normas que no pueden poner en duda? Al reprimir los impulsos, al desestimar la opinión y los diversos puntos de vista, al censurarse la curiosidad también se está bloqueando el deseo de saber más, al suprimir el espacio para debatir ideas se mata el deseo de profundizar, de confrontar fuentes, y por ende, de adquirir conocimiento. Todos tenemos la capacidad innata de hacernos preguntas, y es esa curiosidad la chispa detrás de todas las iniciativas, ideas, inventos, descubrimientos. Fue la curiosidad la que impulsó la exploración espacial, la que diseñó artilugios que extraen energía del sol, la que hizo posible potabilizar el agua marina, la que hizo que Cervantes escribiera el Quijote y que motivó a Miguel Ángel a labrar figuras en mármol que parecen cobrar vida ante nuestros ojos.
El cronista e historiador polaco Ryzard Kapuscinski aseguraba que los cinco sentidos del periodista son estar, ver, oír, compartir y pensar. Es decir, que sin la empatía el acto comunicativo es sólo otra herramienta de manipulación. No basta con recibir estímulos sensoriales, hay que procesarlos y compartirlos. De otra forma somos presa fácil para quienes controlan los medios masivos: […] «Ya no existe la censura como tal, con excepción de ciertos países; en su lugar se utilizan otros mecanismos ―Que definen qué destacar, qué omitir, qué cambiar― para manipular de manera sutil.» (Los cinco sentidos del periodista. Ryzard Kapuscinski. Fondo de Cultura Económica. 2007.)
De ahí que para comprender los fenómenos que nos afectan (sean comunicativos, sociales, económicos, culturales, espirituales) es imprescindible acceder a la información, de tal forma que los ciudadanos tengan la posibilidad de empoderarse para luego poder tomar decisiones más asertivas. En el capítulo 13 titulado «Sobre la poda del lenguaje (y otros ejercicios inusuales) para comprender el proceso social» que hace parte del documento Desarrollo a escala humana, una opción para el futuro (Proyecto 20 editores. 2000), investigación realizada por el Centro de Alternativas de Desarrollo, CEPAUR, se enuncia el problema de la siguiente forma: «El describir y el explicar se vinculan al conocimiento que es materia de la ciencia. El comprender, en cambio, es forma de iluminación respecto de la ciencia y del sentido de las cosas y, por lo tanto, más que contribuir al incremento del conocimiento, es generador de sabiduría.» En otras palabras, es imposible acceder a la comprensión de un contenido sin reflexionar sobre el mismo.
Por ello la lectura es tan necesaria. Estimula el desarrollo de habilidades discursivas, amplía el léxico y afina la capacidad crítica a través del ejercicio reflexivo. Nos permite acceder «al poder de la palabra» que tanto aprovechan poderosos, corruptos y falsos profetas. El conocimiento es poder, diría Francis Bacon. El conocimiento los hará libres, pero primero los hará miserables, diría James A. Garfield. Por eso se refieren al periodismo como «el cuarto poder», y por lo mismo es una profesión de alto riesgo en Estados autocráticos, que persiguen por igual a líderes sociales y a defensores de derechos humanos, individuos también empoderados a través del conocimiento, el lenguaje y los argumentos. Hasta que no reconocemos el valor que tiene la información y lo relativa que son las supuestas verdades, nos costará comprender por qué estas seis preguntas incomodan tanto: ¿Qué? ¿Quién? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Por qué?
La forma más sensata de enfrentarnos a este caudal de información es ser capaz de poner en entre dicho lo que nuestros sentidos perciben, lo que nuestros prejuicios nos dictan. Es un ejercicio de higiene mental recordar que creer no es saber y que detrás de la duda sistemática puede haber un método de acceder a la información, el conocimiento y la sabiduría. Duda y acertarás, dice el refrán.
Las teorías de la comunicación explican mucho mejor los fenómenos antes descritos, en especial la teoría de La aguja hipodérmica, la Agenda Setting y la espiral del silencio. Permita que la brújula de su curiosidad haga el resto.