Reaparece en Twitter con apariencia angelical, parpadeando como criatura impoluta. A primera hora del día ofrece una perorata sobre los males de las drogas, y en la noche, sale a defender el honor y el buen nombre de la Vicepresidenta de la República de Colombia, quien durante 23 años ocultó que su hermano era un narco y que su esposo estaba asociado con el narcotraficante Memo Fantasma. Sólo un cínico, un psicópata o el líder de unas secta puede creerse capaz de engañar a todo un país sólo porque logró manipular las elecciones de los últimos 20 años.
Para los desmemoriados, aquí les recuerdo algunas pocas vagabundería del sucio prontuario de ese partido político infernal, el Circo Demoníaco:
- Tranquilandia.
- El laboratorio para procesar cocaína en la finca del embajador San Clemente.
- La cuñada asociada al cartel de Sinaloa.
- El “muchacho bendito” de la Aerocivil.
- El primo de Pablo Escobar es su consejero personal.
- El esposo de la Vicepresidenta, socio de Memo Fantasma.
- El hermano de la Vicepresidenta, narcotraficante.
- El Ñeñe financió la campaña de compra de votos de Duque en La Guajira.
- Mancuso afirmó que los paramilitares fueron clave para la reelección.
- Cargamento de cocaína para El Chapo.
Don Rionegro: si usted es un anciano sin mácula, ¿qué significa esa mancha oscura que le crece en la mejilla? Procure cuidar su salud en vez de tratar de limpiar su imagen. Acepte las limitaciones de su edad y disfrute los miles de millones que ha acumulado recurriendo a todo tipo de entuertos. Eso de madrugar todos los días no es sano, sobre todo cuando lo hace para evadir la justicia y para seguir acumulando capital que heredará a sus hijos y nietos. ¿No cree que ya fue demasiado? Así cualquiera se enferma. Otra cosa sería si usted madrugara orarle a la Vírgen de los Milagros, para ejercitarse y escribir sus memorias —seguro habrá más de un desocupado que la lea—.
Se lo decimos con cariño, Don Rionegro, porque de tanto soportar sus abusos ya se volvió parte de nuestra vida. Sabemos que es una relación enfermiza la que tiene con sus detractores, pero en un país enfermo de violencia como Colombia, no es el primer caso. Es usted como el abuelo reaccionario que pide la silla eléctrica a los que roban por necesidad, el tío borracho o el primo loco que toda familia incita a contar sus anécdotas en las reuniones sociales de fin de año, pero entiéndalo, Don Rionegro, su salud se deteriora mucho más rápido que su imagen. Quizás para un megalómano como usted sea difícil notarlo, pero esa obsesión suya de evitar ir preso ha convertido a Colombia en una fosa común controlada por narcotraficantes de barriga prominente, y por mafiosos con trajes hechos a medida, grandes cantadores de ópera –o eso creen ellos–, que deciden quién vive y quién va preso.
Es una vida miserable la que usted ha elegido vivir, Don Rionegro, y esa expresión de cariacontecido que carga solo puede significar que sabe usted que se acerca el fin.
Por sus salidas en falso sabemos, Don Rionegro, que algo está mal —o que algo ha empeorado, sería más justo decir—. Parece que está perdiendo la poca cordura que le quedaba, lo que no es extraño en una persona que debe tener dificultades para dormir con esas 200 investigaciones en su contra, con el pelotón de agentes norteamericanos que llegó al país, y que muchos rogamos sea para subirlo en un avión con destino a una limpia cárcel de La Florida. Don Rionegro, sólo faltaría que Carlos Lehder declare en Alemania en su contra y que la Comunidad Europea solicite su extradición inmediata. Mejor preséntese voluntariamente a la Justicia Especial Para la paz, confiese y aproveche que ahora puede disfrutar de la compañía de su pupilo Andrés Felipe Arias en aquella guarnición militar/club social a la que usted también podría irse a vivir, serán como unas vacaciones bien merecidas y con todo incluído.
Don Rionegro, en nombre de todos los colombianos le recomiendo tomarse esas vacaciones pagadas, o si prefiere retírese a su hacienda a contemplar esos caballos finos de los que usted tanto habla. Llegó sano y salvo a esa edad en la que se puede disfrutar los frutos de toda una vida de sacrificios, de trabajo de sol a sombra —especialmente eso, en las sombras—. Hágalo por su familia, que aún cree en usted, que lo ama a pesar de ese pequeño defecto: su historial criminal.
Don Rionegro, dulce sacristán de Satán, recuerde la clave de Epicuro para alcanzar la paz interior: «Lo opuesto a la vida pacífica es la vida social, por eso hay que huir de esos placeres que solo se disfrutan en sociedad: el poder, la fama, el prestigio, la riqueza.»1
- Pau, Antonio. Manual de Escapología, teoría y práctica de la huida del mundo. Ed. Trotta. 2019. p. 46.