Políticos corruptos en casa por cárcel. Lo que no pudo la justicia colombiana lo logró el COVID-19, hacer que pagaran condenas de casa por cárcel.

Fanáticos religiosos solos con sus demonios. Sin poder reunirse a vaciar sus angustias y culpas personales los fanáticos religiosos han tenido que soportarse a sí mismos.

Narcos sin materias primas y sin capacidad de ocultar sus actividades. Con lo laboratorios chinos cerrados y con el comercio internacional suspendido, los narcotraficantes se han quedado sin materia prima para producir estupefacientes. Con las restricciones de movimiento se les ha complicado el tráfico, otrora mimetizado por la gran circulación de gente en las horas punta.

Promiscuos que se regían por el “a follar, a follar, que el mundo se va a acabar”, ahora deben conformarse con la autosatisfacción, y los que no puedan controlarse estarán entre las víctimas de esta pandemia.

Los anti-vacunas que ahora dependen de ellas para poder reactivar sus labores y actividades comerciales. Negacionistas de todo tipo, que habitualmente desvirtúan los postulados científicos —entre ellos los “tierraplanistas”, los que niegan el calentamiento global o la teoría de la evolución de las especies— serán los primeros en la fila cuando se anuncie la cura definitiva al virus.

A los que se aprovechan de la necesidad de los venezolanos —que han tenido que soportar todo tipo de vejámenes— se les acabó la fiesta, porque los vecinos se regresan a su país, donde las tasas de infectados son mínimas.

Los que abusan de la autoridad y violan los derechos humanos. Esos que dicen hacer mal por orden de un superior, por ser incapaces de autonomía seguirán reuniéndose para obedecer. En ese grupo las cifras de infectados será cuantiosa.

Guerreristas y sicarios que al salir a matar se exponen al COVID-19, y de paso, contagian a sus familiares. Estos no respetan la condena de casa por cárcel que les impuso la pandemia, lo sospechamos por los titulares noticiosos que nos informan del asesinato selectivo de líderes sociales.

Mafiosos que no pueden salir a presumir de sus posesiones mal habidas, sin las cuales son solo unos miserables. Otro grupo que están pagando casa por cárcel, este es un grupo de alto riesgo por edad o problemas de salud asociados a los excesos de la vida disoluta.

Hackers al servicio de organizaciones criminales, que deben trabajar desde casa exponiéndose así a revelar su nido de ratas.